Cómo aplicar tu libre albedrío.

"Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza." Filipenses 4:8 NTV


Estoy seguro que todos en algún momento, hemos tratado de racionalizar el carácter de Dios o al menos hemos intentado encontrar una lógica a esos temas que nos hacen debatir acerca de su voluntad para con nosotros o incluso sobre su existencia.


Tratamos de llegar a un común acuerdo en relación a si en verdad es su voluntad permitir el abuso de niños inocentes, la hambruna en el mudo, las guerras o la trata de personas y entonces condicionamos nuestro credo y su existencia a nuestra conveniencia.


Mientras se trate de un Dios de color rosa, consentidor, sin límites y que además nos ame sin exigirnos compromiso alguno y, sobre todo, que no genere consecuencias en nuestra vida, entonces sí creemos en él. Pero, si se trata de un padre estricto, de disciplina, de orden, con carácter y sobre todo con dominio propio y sentido común, entonces lo culpamos por permitir tanta maldad en el mundo y hasta lo negamos.


En realidad es el pretexto perfecto para justificar que no queremos estar sujetos a un orden, que no queremos reglas en nuestras vidas y, sobre todo, que no estamos dispuestos a rendir cuentas a nadie; en pocas palabras, que somos libres ya que nuestra vida solo nos pertenece a nosotros mismos, como si cada uno hubiera nacido por un acto espontáneo. Prácticamente solo nos falta dictar cuándo vamos morir de acuerdo a nuestra voluntad.


Durante años me he detenido constantemente a pensar: "que buena broma nos ha jugado Dios", por un lado, nos dota de toda libertad y por el otro nos pone reglas en las que, según la biblia, resulta que casi todo es pecado.


Quién decide qué está mal y qué está bien?


Lo que para muchos puede ser un acto de moral, para otros puede ser una completa hipocresía. Así que pensé, bueno, hasta ahora no he conocido un bebe que al nacer le pique los ojos al doctor solo por maldad o que días después regrese al hospital para vengarse de la enfermera que le dio una palmada sin deberla ni temerla justo después de nacer.


Quizás parezcan tontos estos ejemplos, pero la verdad es que creo que nadie nace siendo malo; es decir, es cierto que nuestra condición humana tiende a hacer lo malo pero, de inicio, no somos malos.


Nuestro libre albedrío comienza a actuar al momento en que empezamos a recibir estímulos (de cualquier tipo) por medio de nuestro entorno. Ya sea que vivamos en un ambiente hostil o con todo el amor posible, siempre habrá algo que defina y oriente nuestras siguientes acciones.

"somos libres de hacer lo que queramos, pero no somos libres de eludir nuestra responsabilidad sobre las consecuencias de nuestros actos."

Ahora bien, ¿es culpa de Dios las guerras, el hambre, la pederastia, y todo lo malo? Claro que no, y es ahí donde actúa nuevamente nuestra libertad. Aunque usted no lo crea, Dios mismo nos ha provisto de esta libertad, para elegir, para creer, para ser y para hacer. Dios nos ha dado esta libertad para concentrarnos en "todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable" y nos ha mandado concentrarnos (pensar) en cosas "excelentes y dignas de alabanza" (Filipenses 4:8 NTV) pero nosotros mismos tergiversamos esta libertad para eludir nuestras responsabilidades.


En la mayoría de los casos, tomamos decisiones basados más en nuestras sensaciones y emociones que con la mente fría y enfocada en ser más parecidos a Dios, tal como nos lo sugiere Pablo en su carta a los Efesios: "por tanto imiten a Dios, como hijos muy amados" (Efesios 5:1 NVI).


Así es, Dios no es responsable de toda la maldad ni de todas las cosas que nosotros mismos hacemos, pero, ¿las permite? Bueno, déjame ponerlo así, un buen padre al ver que sus hijos se trepan al árbol más alto, o que saltarán de varios escalones, o se quieren lanzar a una alberca sin saber nadar, ¿no se preocupa?, y de hecho, ¿no les advierte sobre los peligros que existen, y que podrían salir lastimados?, sí, pero también les da las herramientas y consejos para que al hacerlo reduzcan los riesgos de lastimarse.


Y después, ¿no los deja vivir su propia experiencia y aprender de ella? Pues así es Dios, es como un padre amoroso que deja a nuestro libre albedrío hacer o no hacer, después de advertirnos y aconsejarnos. Pero también está disponible para corregirnos, curar nuestras heridas o simplemente decirnos "párate, no te paso nada".


En otras palabras, somos libres de hacer lo que queramos, pero no somos libres de eludir nuestra responsabilidad sobre las consecuencias de nuestros actos. El problema es cuando no hemos recibido esta consejería y advertencias o cuando aun habiéndolas recibido, simplemente estamos centrados en nosotros mismos y nos negamos a recibir ayuda.


Usemos esta libertad para acercarnos a Dios, sin dudar y sin condicionar ya que él es buen consejero. Y nos dice: "Yo seré tu padre, y tú serás mi hijo. Si pecas, te corregiré y te disciplinaré con vara, como lo haría cualquier padre" (2 Samuel 7:14), "pues todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios" (Romanos 8:14)


Dios siempre está disponible para curarnos y consolarnos y ser ese padre amoroso que necesitamos. Está en nosotros mismos aceptar su ayuda y sobre todo reconocer que somos responsables de nuestros actos y que necesitamos de él. Simplemente es una cuestión de libertad y de saber decidir conforme a su voluntad y no a la nuestra.


Piensa en esto:

  • ¿Hasta qué punto tu libertad afecta la paz de los demás?

  • ¿Consideras que es posible tener libertad estando sometido a la voluntad de alguien más

  • ¿Hasta qué punto estás dispuesto a someter tus decisiones al filtro de libertad de Dios?







 

¿Dios realmente existe? !Dudar está bien!


¿Cuál ha sido la duda más grande que has tenido? Dios ama las dudas porque nos muestra honestos, transparentes y vulnerables y es ahí cuando más nos muestra su poder. Conoce más aquí:



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