Fuerza de voluntad vs. Entrega total.

¡devuélveme la felicidad! Salmos 51:8 TLA


Hacer un pequeño cambio en nuestra rutina diaria podría no representar mucho a corto plazo; sin embargo, cuando se trata de hacer un cambio de grandes magnitudes puede causarnos gran desesperación y frustración, sobre todo cuando hemos pasado la mayoría del tiempo haciendo nuestra voluntad, acostumbrados a recibir, más por capricho que por conveniencia, aquello que creemos nos viene bien.


Son pocas las veces que tenemos la oportunidad de planear un cambio, evaluando pros y contras, marcándonos objetivos medibles y alcanzables; pero no, por lo regular, cuando tenemos que cambiar algo es porque hemos llegado a un punto en que, de no hacerlo, podríamos tener consecuencias que no solo nos lastimarían a nosotros sino a todos lo que están a nuestro alrededor.


La buena noticia es que, aunque parezca tortuoso el camino, Dios aprecia mucho más un cambio radical, motivado por una situación extrema, que un pequeño cambio que a la larga (y en muchos casos) terminaremos por olvidar.


La biblia nos cuenta en el libro de Jonás que cuando el pueblo de Nínive se dio cuenta del destino fatal que vendría sobre ellos, cuando no había más qué hacer, se rindieron, se entregaron en total obediencia y dejaron el control de su existencia en manos de Dios, de tal forma que Dios mismo, al ver tan tremendo cambio decidió mostrar misericordia contradiciendo su plan original (Jonás capítulo 3); esto significa que Dios se equivocó. No, simplemente significa que Dios se conmueve con nuestro sufrimiento y conoce las entrañas de nuestros pensamientos e intenciones.

"el objetivo de todo cambio, que es ceder el control total de nuestra vida a ese poder supremo tal como pasó con las personas de Nínive"

Y ¿qué pasa cuando, después de que obedecemos, después de que hemos cambiado (en nuestro entender) no recibimos nada a cambio, o cuando los planes originales no salen acorde con nuestro pensamiento? En estos casos, no hay que perder de vista lo que realmente vale la pena, el objetivo de todo cambio, que es ceder el control total de nuestra vida a ese poder supremo tal como pasó con las personas de Nínive (Jonás capítlo 4).


Recordemos que Dios es un Dios de orden, y que si estás en esta situación y has llegado al punto de reconocer que sólo Dios puede ayudarte, y más allá, has comenzado a hacer cambios importantes es porque Dios te eligió a ti, tú no lo elegiste a él, al contrario él se ha fijado en ti por tu potencial y está haciendo lo necesario para cambiar tu vida radicalmente.


Aguanta, cuando más desesperado y frustrado estés, pídele que devuelva la felicidad a tu corazón (¡devuélveme la felicidad! Salmos 51:8 NTV).


Piensa en esto:


¿Qué cambios has hecho en tu vida que aún no han dado resultado?

¿Qué te hace falta para entregar totalmente a Dios esas áreas de tu vida que continúan sin cambio?


Ceder el control de tu vida a alguien que no conoces no es fácil, comienza por pasar mas tiempo con Él; puedes decirle con toda libertad ¡devuélveme la felicidad! y Él te ayudará.

 

¡Échale un ojo al mensaje completo! #Aqui





5 visualizaciones0 comentarios

Entradas relacionadas

Ver todo